¡Somos generación pentecostés!
¡Somos Generación Pentecostés!
“Y se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo”
Hechos 2, 3-4
Cada año, la Iglesia celebra Pentecostés como el cumplimiento de la promesa de Jesús: el envío del Espíritu Santo. Es una fiesta poderosa, viva, y profundamente carismática. Pero más allá de una fecha litúrgica, Pentecostés es una experiencia, una realidad que puede y debe suceder también en nuestras vidas.
En Jóvenes en Victoria, creemos firmemente que el Espíritu Santo no es una idea, ni un símbolo abstracto. ¡Es una persona viva, es Dios mismo habitando en nosotros! Él es fuego, viento, consuelo, fuerza, sabiduría, y sobre todo, el amor derramado en nuestros corazones ( Romanos 5,5).
Cuando el Espíritu viene, todo cambia: cambia nuestra mirada, nuestra forma de orar, nuestro modo de hablar, nuestras decisiones y hasta nuestros silencios. Nos hace nuevos desde adentro, nos transforma por completo.

¿Qué significa recibir al Espíritu Santo?
Recibir al Espíritu Santo es entrar en una relación viva y transformadora con Él.
Cuando lo dejamos actuar en nosotros, Él nos guía a la verdad completa ( Juan 16,13), nos recuerda todo lo que Jesús enseñó ( Juan 14,26), nos da dones para servir y edificar (1 Corintios 12,4-11), nos fortalece para ser testigos valientes ( Hechos 1,8).
Pero además de dones, el Espíritu Santo nos da identidad, nos hace hijos amados del Padre, nos convence de que no estamos solos y nos enseña a clamar: “¡Abbá, Padre!” (Gálatas 4,6).
Muchos jóvenes hoy se sienten perdidos, vacíos o sin rumbo. El Espíritu viene a soplar propósito, fuego y alegría donde el mundo ha dejado cansancio o confusión, Él es esa voz en nuestro interior que está siempre guiando nuestra vida y nuestras decisiones.
Pentecostés Hoy: ¿Qué tiene que ver conmigo
Pentecostés no es cosa del pasado, hoy tú puedes vivirlo. Si te sientes apagado, confundido, si tu oración es seca o si estás buscando más porque en tu corazón hay una sed que sientes y sabes que nada puede saciar, el Espíritu Santo es la respuesta, Él no viene por mérito, sino por sed:
“Al que tenga sed, yo le daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente”
Apocalipsis 21,6
Recuerda: los apóstoles estaban encerrados por miedo y el Espíritu los hizo valientes misioneros. No es casualidad que el Espíritu haya descendido cuando estaban reunidos y orando, Dios quiere hacer lo mismo con nosotros por eso nos llama a vivir en comunidad unidos bajo el mismo amor, el amor de Dios.
No te dejes engañar, no importa cuán oscura esté hoy tu realidad, el fuego del Espíritu Santo es más fuerte que cualquier tiniebla. No importa cuán lejos hayas estado, Él es tu guía de camino a casa.
Él está siempre esperando a que le permitas hacer morada en tu alma para purificarla, sanarla y que vivas un nuevo pentecostés.
Jesús lo prometió:
“Si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!”
Lucas 11,13
¿Cómo preparar mi corazón para vivir pentecostés?
- Permanece en comunidad: el Espíritu se mueve con poder cuando estamos reunidos en su nombre, la oración en comunidad es un bálsamo para tu vida espiritual.
- Ora con fe: Clama al Espíritu Santo para que descienda, no tiene que se nada extravagante, solamente tiene que ser desde el corazón, un “Ven, Espíritu Santo” lleno de fe.
- Reconcíliate: el Espíritu se derrama con mayor libertad en un corazón limpio, busca siempre la reconciliación por medio del sacramento de la confesión.
- Adora: la adoración abre las puertas del alma y nos hace más cercanos y más sensibles a la presencia del Espíritu Santo.
Jóvenes en Victoria: ¡Somos Generación Pentecostés!
Somos jóvenes encendidos, una generación que dice sí al fuego del Espíritu Santo, que no se conforma con una fe de rutina, sino que vive una fe poderosa, alegre y transformadora. No queremos ser espectadores, queremos ser protagonistas del mover de Dios en nuestro tiempo.
Nosotros no queremos quedarnos con una fe decorativa, queremos una fe viva, una fe con poder, con presencia, con milagros, con fuego. Somos hijos de un Dios que a través de su Espíritu Santo, sigue hablando, sanando, resucitando corazones.
Este Pentecostés no es una celebración más, es una invitación a un nuevo comienzo, a dejarte llenar, renovar, sanar y encender el corazón con el fuego abrazador del Espíritu Santo.