Palabra de Dios (Mes de la Biblia)
Palabra de Dios (Mes de la Biblia)
“¿Cómo puede un joven llevar una vida honesta? Viviendo de acuerdo con tu palabra” (Sal 119,9)
La Madre Iglesia por medio de la liturgia busca unirnos como familia de Dios para celebrar la fe y anunciar el Misterio de Cristo (CIC n.1068). Por ello, nos invita a celebrar cada mes una devoción particular para que, en los diversos carismas, grupos y templos católicos, busquemos como comunidad formas para reflexionar y hacer vida dicha devoción. En este mes de setiembre, la Iglesia nos conduce a meditar sobre la Palabra de Dios: la Biblia.
Hemos tenido contacto con las Sagradas Escrituras posiblemente desde muy pequeños, pero, ¿nos hemos preguntado qué es y por qué es importante en nuestra vida? En nuestras casas, templos y en manos de los catequistas y servidores de la Iglesia, encontramos este gran libro, que en realidad es una biblioteca compactada. En los estantes de esta biblioteca portátil, hay 73 libros: la primera mitad tiene 46, que pertenecen al Antiguo Testamento.

Aquí encontramos los orígenes del ser humano, la historia del antiguo pueblo de Dios y la ley, entre otros temas. La segunda mitad contiene 27 libros que pertenecen al Nuevo Testamento. Ubicamos en esta parte los evangelios, que hablan de la vida y ministerio de Jesús, las cartas de San Pablo y otros apóstoles como Santiago y Pedro a las comunidades cristianas, y el libro de la Revelación (Apocalipsis), también conocido como el de “la esperanza cristiana”.
La Palabra de Dios es un encuentro personal con el Señor y cada vez que hablamos con él, algo en nosotros cambia. Las manos que la escribieron y ordenaron con la guía del Espíritu Santo son humanas, pero las palabras son enteramente divinas; el autor de la Sagrada Escritura es Dios mismo. Sus páginas son un lugar en donde ha querido revelar las verdades de fe y nos permite conocerlo en ellas; entrar en su corazón santo, paterno y divino (CIC 105). Por esta razón, como Iglesia tenemos alto respeto y veneración por las Escrituras: es Dios mismo, dándose a nosotros en su Palabra.
Es también luz que, entre más nos acercamos a ella, más podemos vernos a nosotros mismos y darnos cuenta de cómo está nuestro interior. Es el susurro de Dios, recordándonos cuál es nuestra identidad y para qué nos hizo: ser amados, amar y vivir junto a Él eternamente. Es al mismo tiempo la brújula que nos guía a la santidad y el alimento que sacia nuestra hambre de la eternidad; nuestra hambre de Dios.
Si alguna vez has sentido que no escuchas a Dios, busca tu Biblia y haz un espacio en tu día para sentarte a habar con El. Lo emocionante es que el Señor ya te estaba esperando.