La misión
La misión es un esfuerzo integral que busca llevar el mensaje de salvación a todas las naciones y transformar el mundo con el amor de Dios.
“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” – Marcos 16,15
Una de las tareas centrales de esta misión es la evangelización, que implica anunciar el evangelio y llamar a la conversión. Este proceso inicia desde la catequesis, que nos prepara para recibir los sacramentos. La catequesis es un proceso continuo que nos acompaña a lo largo de toda nuestra vida, ayudándonos a profundizar en su fe y a vivir de acuerdo con los principios del Evangelio.
Es importante recordar que el espíritu misionero nace desde nuestra relación con Cristo y su Espíritu Santo pone en nuestro corazón esa necesidad de servicio con el prójimo, la misión puede ir desde lo mas sencillo como servir en nuestra familia, hasta las misiones mas extensas como visitar pueblos lejanos donde aun la palabra del señor no ha llegado.

La misión no se limita a la esfera espiritual, sino que también incluye un fuerte compromiso social. La Iglesia Católica ha sido históricamente una defensora de los derechos humanos, la justicia social y la dignidad de todas las personas. A través de sus numerosas obras de caridad, la misión católica busca aliviar el sufrimiento humano y promover el bienestar de las comunidades. Las obras de caridad son una manifestación concreta de esta misión. Estas incluyen la asistencia a los pobres, los enfermos, los marginados y los vulnerables. Sin embargo, las obras de caridad nacen como consecuencia del amor cultivado en nuestro corazón donde el Espíritu Santo va calando poco a poco por medio de nuestras experiencias de vida cristina.
El testimonio personal es una parte esencial de la misión. Los mártires, aquellos que han dado su vida por la fe, son ejemplos supremos de este testimonio. Su sacrificio inspira a otros a vivir con valentía y fidelidad, y demuestra el poder transformador del Evangelio. Muchas personas responden al llamado de la misión a través de la vida consagrada, uniéndose a órdenes religiosas y dedicando su vida a la oración, el servicio y la evangelización.
En nuestro movimiento y mientras buscamos nuestra vocación el señor nos llama a ese servicio de misión, nuestra juventud y alegría debe ser llevado a todos los lugares que podamos, recordemos que el señor esta en todas nuestras realidades: Colegio, universidad y trabajo. La felicidad que nos rodea solo puede venir del señor, es diferente, no es una felicidad pasajera ni que venga de las cosas humanas, viene de algo mas grande, inmaterial; y esa felicidad es la que el señor nos pide compartir hoy.