Caminamos Juntos: El Legado del Papa Francisco y Nuestra Oración por el Papa León XIV
Caminamos Juntos: El Legado del Papa Francisco y Nuestra Oración por el Papa León XIV
“Que nadie te menosprecie por ser joven; al contrario, sé ejemplo para los creyentes en la palabra, la conducta, el amor, la fe y la pureza.”
(1 Timoteo 4,12)
Durante más de una década, el Papa Francisco nos habló con ternura, valentía y claridad. A nosotros, los jóvenes, nos llamó a no quedarnos “en el sofá”, a no vivir como “jubilados antes de tiempo”, sino a ser protagonistas de una Iglesia viva, que se lanza al mundo con alegría y compromiso. Nos recordó que la fe no es una idea, sino un encuentro con Jesús que transforma el corazón y lo hace arder de amor por los demás.
En la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá nos dijo: “Ustedes no son el futuro, son el ahora de Dios.” Y en Christus vivit, su carta dedicada a la juventud, nos animó: “Cristo vive y te quiere vivo.” Estas palabras no fueron solo frases bonitas, sino llamados firmes a la acción, a la oración, al servicio, a construir puentes donde hay muros.
El Papa Francisco nos confió una Iglesia que quiere escuchar, acompañar, sanar y salir al encuentro, especialmente de los más heridos.
Nos enseñó también a discernir, a no vivir distraídos. Nos recordó que el mundo nos ofrece muchos brillos falsos, caminos de aparente éxito que terminan vacíos. En Cracovia, durante la JMJ, nos dijo: “Jesús no es el Señor del confort, de la seguridad y de la comodidad. Para seguir a Jesús hay que tener un poco de valentía, hay que decidirse a cambiar el sofá por un par de zapatos que te ayuden a caminar por caminos nunca soñados.”

Hoy, más que nunca, sus palabras resuenan con fuerza. El mundo grita fuerte, promete mucho, pero da poco. Nos seduce con luces que se apagan rápido. Por eso, queremos recordarlo con una frase que nace de esta convicción:
“Cuando conocemos y amamos nuestra Iglesia, nada fuera de ella nos puede deslumbrar.”
Este es el llamado: no dejarnos encandilar por lo superficial, sino mirar con los ojos del corazón. Conocer nuestra fe, amar nuestra Iglesia, y vivir en ella con un nuevo pentecostés. Jóvenes de rodillas, jóvenes con fuego en el alma, jóvenes que oran, que abrazan al Espíritu Santo, que se levantan unos a otros, jóvenes que no se rinden, que no se venden, que no se van.
“No tengan miedo de soñar en grande. No se conformen con lo mínimo. Ustedes están llamados a cosas grandes.”
(Papa Francisco, Christus Vivit)
Y ahora, con ese mismo corazón joven, nos abrimos al nuevo tiempo que comienza con el Papa León XIV. Un pastor con alma misionera, cercano a América Latina, que llega con el espíritu de unidad, humildad y firmeza. No lo conocemos del todo, pero como Iglesia, lo acogemos con amor y rezamos por él, como hijos por su padre, sabiendo que el Espíritu Santo lo ha elegido para esta misión como pastor de su iglesia.
“Les pondré pastores según mi corazón, que los alimenten con inteligencia y prudencia”
(Jeremías 3,15)
Queremos decirle al Papa León XIV: aquí estamos, listos para seguir caminando, para escuchar, servir, orar y ser Iglesia. Lo acompañamos con nuestro cariño y nuestras rodillas dobladas en oración.
Que María, Madre de la Iglesia, en la advocación de la Virgen de Pompeya, lo cubra con su manto, y que el fuego que encendió el Espíritu Santo en aquel Pentecostés, siga ardiendo con más fuerza y le llene de sabiduría en esta misión.
Oración por el Papa León XIV
Señor Jesús, Buen Pastor,
te damos gracias por el Papa Francisco,
por su corazón de padre, su fe sencilla y su cercanía con tu pueblo.
Gracias por todo lo que nos enseñó y por mostrarnos
que la alegría del Evangelio es para todos.
Te pedimos hoy por nuestro nuevo Papa, León XIV.
Dale sabiduría del cielo, fuerza en la lucha y caridad en el servicio.
Hazlo guía firme y humilde, pastor valiente y lleno de tu Espíritu.
Que escuche el clamor de los pobres, que abrace a los jóvenes,
y que nos conduzca a ti con el corazón en llamas.
Madre María, acompáñalo cada día.
Nosotros, tus hijos, caminamos con él.
Por Cristo nuestro Señor. Amén.
“Recen por mí”, nos decía siempre Francisco.
Hoy lo haremos también por León XIV. Porque la Iglesia camina unida, y nosotros, los jóvenes, somos parte viva de ella.