Firmes hasta el final

El veintitresavo aniversario fue un vaso refrescante de gracia con una gota de amargor: el trago amargo del cáliz que Cristo nos invita a beber como sus discípulos para hacernos uno en su Pasión y Cruz por amor. Los tres temas y sus ejes fueron sin duda inspirados por el Espíritu Santo: el Amor hecho Persona, el Abogado y Consolador, es un Padre que provee lo que necesitamos, aunque eso implique corregirnos por el bien de nuestra alma. Por más que al inicio la medicina no tenga el mejor sabor, su resultado siempre busca sanar al que la necesita: de esta forma quiso actuar el Señor en nosotros como movimiento y amadísimos hijos e hijas.

En este encuentro como Iglesia, con la espiritualidad que nos caracteriza, recibimos la invitación de principio a fin de vivir en discernimiento, humildad y sinceridad con el Señor para darnos cuenta si la manera en que vivimos es de cara a Él o en contra de su santa voluntad; si formamos parte de la revolución del amor o si provocamos con nuestras acciones la división y el desamor en nuestras realidades. También se nos motivó a luchar por nuestras familias, comunidades, ministerios, etc., desde la intercesión y viviendo una fe con obras.

De esta forma, se escucha se escucha desde el corazón de nuestro Señor un clamor: “¡Basta ya de sus necedades! Los amo, y necesito que entiendan que soy quien sostiene esta obra, la cual nunca abandonaré. No creen más cismas por necedades, ámense como yo los he amado. Cuiden mi obra y aprendan a trabajar sin caer en activismo; aprendan a ser como María, para que sepan elegir la mejor parte.”

La división, impartida por el padre Dennis, fue la predicación de apertura del Aniversario.  El tema fue de tipo exhortativo y pastoral; un reflejo de lo que leemos en las cartas de San Pablo, cuando este padre espiritual mostraba estar atento y preocupado por instruir en la verdad y fraternidad al rebaño de Dios. A manera de inicio, el padre Dennis nos ayudó a recordar el significado de la palabra Victoria que forma parte del nombre del movimiento: nuestra victoria es dar la vida al Señor, entregarla por él y para él cada día. La aclaración sobre esto se debe a críticas sobre la incomprensión de nuestro carisma, por lo que el padre resaltó que “todo aquel que haya dejado al mundo, ya está en victoria y no lo dice por pretensión, porque victoria es del Señor y atribuida a Él”.

Respecto a la predicación como tal, se fue desglosando a partir de una pregunta: ¿dónde nace y qué es la división? Las citas que ayudaron a construir la respuesta fueron Juan 10, 1-3 (comienza desde lo que dejamos entrar en nuestro corazón y al redil) y Marcos 3,24:2 (el reino dividido no puede subsistir). Con la cita de Santiago 4,1-12 el Señor luego nos cuestiona: ¿somos amigos del mundo o suyos?

Seguidamente y como punto importante de la acción correctiva del Santo Espíritu, fue el recordatorio de cuidarnos de los títulos y los espíritus exclusivos y localistas. Esto provoca un sentido de superioridad al utilizar las responsabilidades y llamados como un medio para glorificarse y no al Señor; pues nos terminamos defendiendo a nosotros mismos por envidias, y progresivamente realizamos un servicio lleno de soberbia, falta de paciencia y vacío de caridad con los demás.

Como parte de la conclusión, el padre nombra algunos males de los que debemos cuidarnos en nuestro servicio y vida en comunidad: la crítica y murmuración, la hipocresía y superficialidad (no somos sinceros de cómo nos sentimos y lo que pensamos), los deseos de poder y el activismo.

Este segundo tema fue de tipo formativo/catequético; la Santísima Trinidad abrió su corazón a nosotros por medio del padre Ronny, quien nos instruyó sobre la tesis de la unidad como reflejo de la relación entre las Divinas Personas. El pasaje inicial fue Juan 17,21-23: Jesús nuestro intercesor ante el Padre, oró por sus discípulos, no solo pensando en los doce presentes, sino también por los que vendrían (nosotros).

El padre Ronny nos orientó sobre la característica de la unidad y cómo esta forma parte de la esencia misma de la Santísima Trinidad: Dios Trino nos da el ejemplo de la vida en comunidad (apoyados en la Sagrada Familia), y es su sueño que vivamos de la misma forma. Fuimos hechos a su imagen y semejanza, por lo que este deseo está también sellado en nosotros. En sus palabras y como resumen de este punto “Dios no abandona la obra de sus manos y nosotros somos obra suya”.

De esta forma, planteó que la relación unitaria de la Santísima Trinidad se reconocía por las siguientes características: igualdad, unidad, fecundidad y plenitud. Al ser hijos e hijas de Dios, creados para vivir en esta misma unidad, debemos comprender que necesitamos vivir en igualdad, ya que todos tenemos la huella de Dios (comprender esta verdad nos ayuda a tratarnos con respeto y amor). También, debemos establecer la unidad, caminar como una sola carne y espíritu hacia un mismo objetivo: traer el Reino e ir juntos hacia la vida eterna. De igual forma, estamos llamados a la fecundidad, que respecta a vivir los frutos en el Espíritu. Por último, está inscrito en nosotros una unidad que nos guíe a la plenitud; en otras palabras, según vivamos en unión con la Iglesia, los sacramentos, comprometidos con la misión, así encontraremos el sentido y la razón de la existencia: Dios.

Respecto el tercer y último tema, se percibió que era de tipo motivacional (call to action) y de envío. La fundadora y madre espiritual, doña Betty Juárez, a través de la predicación nos instó a examinar nuestra relación y confianza en el Señor. Abrió su corazón para con los matrimonios, ayudándoles a pensar en la renovación de su amor y compromiso mutuo, en luchar por vivir su vocación con la mente y mirada fija en el Señor. Así, atentos ante las sutilezas del enemigo, al igual que las rutinas y el descuido, podrán continuar con buenos cimientos en su caminar espiritual y terrenal.

Incluyó a todas las realidades de la Gran Familia al invitarnos a examinar las maneras en las que estamos permaneciendo en el Señor y a su vez con las que cuidamos nuestro corazón, familia y vida espiritual. Asimismo, en esta segunda parte del tema, el Señor nuevamente nos ayuda a realizar un examen de conciencia por medio de su sierva, para el cual pidió discernir nuestro compromiso y qué medidas tomamos para que nuestra lámpara siga encendida.

Llegando al final, se toma la cita de Efesios 6,10 para hablar sobre la firmeza que viene del Espíritu, una actitud de todo servidor y discípulo del Señor. La armadura de Dios, desglosada en la cita, nos protege de los males y nos ayuda a caminar sin vacilar en los momentos de tentación y dificultad. Doña Betty culmina reflexionando acerca de la virtud de la fortaleza, la cual la recibimos principalmente en la Santa Eucaristía al recibir a Jesús, verdadero alimento, consuelo y santificador del alma.

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